sábado, 2 de enero de 2010

TITA MERELLO. UNO DE LOS GRANDES MITOS RIOPLATENSES




Tita Merello: bien milonga y bien porteña
Ruben Borrazas


Antes que el teatro y el cine la mostraran como una gran actriz dramática, Tita Merello ganó su fama de mujer-tango y de vedette-rea cantando con su voz pequeña, profunda, grave y con un estilo que escapaba a todo refinamiento. Como lo anunciamos ayer, falleció a la edad de 98 años, en la Fundación Favaloro de la ciudad de Buenos Aires, el 24 de diciembre.
Su infancia no hacía presentir su destino. Huérfana precoz, nunca se sentó en el aula de una escuela y en 1917, cuando se presentó en el teatro Avenida, de Buenos Aires, para ingresar como corista y bataclana, aún no sabía leer ni escribir. Años después se alfabetizaría.
Su debut de cancionista se remonta a 1920, en el teatro Bataclán, un escenario de dudosa fama ubicado en el bajo porteño. Sus ojos grandes de mujer morocha, labios gruesos, unas piernas hermosas y su manera canyengue de arrastrar los versos de los tangos, la fueron acercando a la popularidad.

La cantante


En 1924, ya era una figura destacada en el teatro Maipo, integrando la compañía de Roberto Gayol, en los programas se la anunciaba como "La vedette rea".
Allí cultiva un tango de contenido humorístico, parecido al que hacía Sofía Bozán, pero con una modalidad interpretativa que se alineaba en la intencionada picardía de los cuplés y en la gracia de las tonadilleras españolas que tuvieron su apogeo en el Río de la Plata, entre 1900 y 1920.
En su estilo se recogían los elementos propios del sainete, donde se alternaba el recitado y el canto. Su versión de "Se dice de mí", su grabación más famosa y una especie de autorretrato, son el ejemplo más representativo y definen la modalidad de un repertorio, que ella siempre mantuvo, entre los límites de lo cómico y lo grotesco.
Cantando tangos, Tita Merello descubre una verdad que después explotaría en su extensa y exitosa carrera de actriz; "la gente siente las cosas de la piel para adentro", manifestó en más de una oportunidad. Ella tenía el lenguaje que le había dado la calle y perfeccionó, arriba del escenario, haciendo los sainetes.
El tango, fue su compañero de toda la vida. Este siempre le permitió expresar lo que sentía y en ocasiones lo cantó sensible, amable, valiente y rebelde como en el caso de "Arrabalera": "Mi casa fue un corralón/ de arrabal, bien proletario/ papel de diario el pañal/ del cajón en que me crié./ Para mostrar mi blasón,/ pedigré bastante sano,/ soy Felicia Roberano,/ mucho gusto, no hay de qué." Era otra de las maneras de crear su estilo.
El escritor argentino Horacio Salas, en su libro, "El Tango", la define así: "Tita Merello asumió desde el humor la representación de los sectores marginales, que nacidos en la más extrema pobreza arribaron al centro con el objeto de sobrevivir en el mundo del tango. Algunas de las letras de su repertorio son recuerdos de la picaresca de los primeros años y representan, en la misma asunción de su origen, una burla a la tilinguería del medio pelo porteño abocado a ocultar el ámbito en que transcurren los años de la infancia y las dificultades económicas sufridas hasta que llega el momento del éxito".


La actriz


Tita Merello siempre quiso hacer teatro y la oportunidad se la brindó el actor y cómico argentino Luis Arata en 1936. Un año después vendría, por primera vez, a Montevideo para hacer "Santa María del Buen Ayre". Nadie la conocía, nadie le tenía confianza. Al terminar la función, la noche del estreno, el autor, Enrique Larreta, le preguntó en los camarines, de dónde había sacado la emoción de esa noche, con la ironía, que ya formaba parte de su personalidad le respondió: "De las letras de los tangos, doctor Larreta".
Diez años después, le diría al escritor, periodista y hombre de radio argentino Héctor Bates: "Voy a ser la gran actriz de Buenos Aires. No sé cuándo, no interesa, pero lo seré y no creo que esto sea una insolencia ni una pretensión. No sé si será cuando tenga cuarenta y cinco años, pero de que lo seré, estoy convencida". Justamente a los cuarenta y cinco años, en 1949, se había convertido en la actriz que había soñado. Su papel de Filomena Marturano, lo representaría quinientas veces.
go el cine le permitiría ampliar y desplegar todos sus recursos histriónicos. En 1950, las mayores salas de Buenos Aires estrenaban tres de sus grandes éxitos: el Ópera, con "Los isleros", el 20 de marzo, el Ambassador con Arrabalera, el 25 de abril y el Gran Rex, con "Vivir un instante", el 3 de mayo.
Las otras películas, en las que demostró su gran talento dramático, fueron: "Los evadidos", "Para vestir santos", "Mercado del Abasto", "Pasó en mi barrio", "Arrabalera", "Guacho". Fue, sin duda, la Ana Magnani del cine argentino, pero no una Ana Magnani en miniatura, sino entera y cabal. Pequeño era su mercado comparado con el de la artista italiana, pero igual en su genio y carisma.
Al producirse el golpe de Estado que derribó a Perón, en setiembre de 1955, Tita Merello, que se había constituido en figura descollante del cine argentino, fue definitivamente raleada. La discriminaron y la prohibieron. Le levantaron la censura a Libertad Lamarque y comenzó la de ella.
Viajó a México, en 1957, para ganarse el pan, nuevos lauros y olvidar otro dolor mucho más hondo. Luis Sandrini, el gran amor de su vida, desde que se conocieron durante la filmación de la película "Tango", en 1933, decide dejarla en soledad y casarse con la joven actriz Malvina Pastorino.
Volvería unos años después a su país, donde nuevamente se subiría a los escenarios, volvería a filmar, actuaría en radio y televisión, esas serían las ventanas abiertas al cariño de un público que la admiraba y adoraba como a pocas.
El historiador y presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, José Gobello, la define en forma rotunda: "Con barro de frustraciones y fuego de triunfos, fue modelada esta mujer admirable, este ídolo que vaya a saber de qué están hechos sus pies, porque todo el oro lo reservó para su corazón."
En los últimos diez años estuvo internada y cuidada en la Fundación Favaloro. Había nacido el 11 de octubre de 1904 con el nombre de Laura Ana Merello en la localidad bonaerense de Magadalena.
Brecha 891 27/December/2002


Dicen que cuando se sentaba a tomar el fresco en la puerta de la Fundación Favaloro los colectiveros la saludaban haciendo sonar sus bocinas: el saludo más espontáneo y lógico para una mujer del pueblo hasta sus últimas consecuencias. A su pedido, el dinero que podría haberse destinado a flores para su funeral será entregado a la institución que la cobijó a lo largo de la etapa final.
Tita Merello (1904-2002)


Arrabalera de ley


Ronald Melzer


Tita Merello no creó un personaje; fue el personaje el que la creó a ella. Durante su niñez, adolescencia y juventud, ese personaje pasó hambre, sufrió mil privaciones, amó sin ser correspondido, se prostituyó, salió adelante en un mundo masculino y machista, se hizo respetar a la fuerza y triunfó donde otros solían fracasar. Durante su vida adulta se encargó de reproducir y sublimar esas vivencias a través de tangos que cantó a su modo único y de actuaciones cinematográficas y teatrales que no fueron sino desprendimientos acotados de su personalidad. No habrá, pues, una segunda Tita Merello porque no habrá otra Cenicienta u otra costurera que dio el mal paso con tanto coraje para desnudar su alma a través de un arte en principio ajeno al que ella transformaba, irremediablemente, en propio. No se trata de que haya sido una actriz sin técnica o una cantante sin recursos; se trata de que la técnica y los recursos, aprendidos y perfeccionados a lo largo de cinco o seis décadas de actuación y canto, estuvieron siempre al servicio de una persona de carne y hueso que artísticamente se dio a conocer como Tita Merello pero que nunca olvidó que su verdadero nombre era Laura Ana Merello, que nació en el barrio porteño de San Telmo, que no conoció a su padre, que fue reconocida por su madre a los cuatro años y que la criaron en un asilo.
Historia y autenticidad: eso fue lo que la cantante y actriz -ahora sí- le proveyó al cine argentino que, entre 1933 y 1985, solía alardear de un glamour de segunda y seudohollywoodense. Lo hizo a través de un juego escénico que no escondía su vocación por el melodrama más descarnado. Dura, implacable, decidida, convencida de lo que hacía, jugada a sus ideas y a su hombre, su personaje no lloraba pero hacía llorar. Para ello se apoyaba en un decir vigoroso y puntiagudo, en una seducción sin vueltas, en una femineidad masculinamente provocativa pero intransferiblemente heterosexual, en unas piernas largas a punto de salirse de cauce, en una voz carrasposa e inquisidora, y en un ascetismo que sólo pueden manejar libremente aquellas personas que lo han vivido todo. A fuerza de voluntad, la arrabalera se hizo señora, la puta se fundió con la madre y la seductora se apropió de los valores familiares.
Junto a la voz insondable y profunda, a las marcas dejadas por el deseo incumplido, a los gestos fieros, a la mirada inquisidora, a una sabiduría existencial que los generalmente torpes diálogos nunca arruinaban del todo, Tita Merello trasmitió, en las 32 películas en las que intervino, una moral. Rígida, implacable, austera pese a las apariencias, conservadora en cuanto tendía a rescatar viejos valores cristianos, justa en cuanto hacía prevalecer la sinceridad sobre la hipocresía, y genuinamente avanzada en todo aquello que refería a la reivindicación de la mujer, esta moral perteneció tan intrínsecamente a su personaje como sus peculiaridades físicas o la raigambre tanguera. Cuanto más al límite la situación, más convencida lucía ella de sus convicciones, ya fueran las consecuencias de su aplicación trágicas, como en La fuga (1937), lacónicas, como en La morocha (1958), irónicas, como en su episodio de La industria del matrimonio (1965), o felices, como en Don Juan Tenorio (1949), donde compartió el cartel con Luis Sandrini. A menudo no sabía qué hacer, pero siempre sabía por qué hacerlo.
Fue precisamente su breve y restellante aparición en La fuga, un experimento de cine noir que catapultó momentáneamente al podio de los artistas a su director Luis Saslavsky, la que moldeó la vis trágica de una mujer con tantas agallas como para jugarse el todo por el todo por un hombre y por lo que consideraba justo, aunque ambos no coincidieran. Si la mayor parte de la trayectoria posterior de Saslavsky no le hizo justicia a ese antecedente, la propia Merello tuvo que esperar una docena de años, su propia madurez como artista y como mujer, el declive de las comedias de teléfonos blancos -en las que nunca cupo- y, sobre todo, la ascención del peronismo y su populismo pro cabecitas negras, para reflotar su personaje. En rigor, recién lo pudo hacer en Morir en su ley (1949), otro policial negro y una de las últimas películas interesantes del prolífico Manuel Romero. Hasta allí, y con la excepción de La fuga, su carrera cinematográfica había consistido en poco más que la prolongación de su veta musical, tanguera, ligeramente arrabalera y forzosamente alivianada en películas apropiadamente llamadas Tango (1933), Así es el tango (1937) y La historia del tango (1949). Ya estaban la presencia y la voz, pero el personaje recién empezaba a moldearse.
Al igual que Hugo del Carril, otro peronista memorable, acaso más peronista y orgánico que ella, y también un artista con más ambiciones, Tita Merello no se conformó nunca con el rótulo de chansoneuse de moda o "arrabalera del tango" al que la estratificación cultural de los años treinta y cuarenta la habían condenado en base a contratos suculentos y justa fama. Era una "señora mayor" -para los cánones de la época- cuando se lanzó de lleno a la actuación con su particular personaje a cuestas. Su casquivana de Filomena Marturano (1950), su adúltera por necesidad de Arrabalera (1950) y su inolvidable, exótica y temible "carancha" de Los isleros (1951) la convirtieron, por esos años, en un mito en vida que se había sobreimpuesto a la doble dictadura de la canción y de los buenos modos burgueses. La mayoría de las ocho películas que sucedieron a esos éxitos no alcanzaron la misma popularidad, pero quedaba claro que la plana mayor del ligeramente oficialista cine argentino de entonces se estaba esmerando para encontrar unos vehículos apropiados para la nueva diva del melodrama social "peronista". Maternal con los niños y adolescentes, autoritaria con los hombres, inflexible ante la autoridad, solidaria con los desposeídos ante las injusticias, protagonizó las dignas pero discretas Vivir un instante (1951), Pasó en mi barrio (1951), Deshonra (1952), Guacho (1952), Para vestir santos (1955) y El amor nunca muere (1955), además de dos hitos: Mercado de abasto (1955), donde compuso a una impagable comerciante de barrio, y La morocha (1956), en la que enamoraba a un jovencísimo Alfredo Alcón, y que significó el cierre de su período dorado. Había caído el régimen, y se estaba cayendo a pedazos, no sólo por esa razón, el sistema de producción donde había forjado su carrera cinematográfica. Tuvo que encontrar refugio en otras actividades.
Éstas fueron, a partir de los años sesenta, la televisión, el teatro y por supuesto la música, en parte por elección propia, o quizás porque no le era fácil, ni a ella ni a los directores sobrevivientes, encontrar un sitio para una actriz tan característicamente "antigua" dentro de una cinematografía urgida por encontrar un lenguaje menos melodramático y más flexible. Curiosamente, le fue bastante bien en sus sketches cómicos de la ya nombrada La industria del matrimonio, de Ritmo nuevo, vieja ola (1964), y de ¡Esto es alegría! (1967), todas de Enrique Carreras. No le fue tan bien con los dramas. Pese a que fue dirigida por Del Carril y que la actriz interpretaba a una mujer abandonada por esposo e hijos, Amorina (1961) no cuajó; en cuanto al resto, fue una de las víctimas principales -y no necesariamente por culpa del papel que le tocaba en suerte- del sensacionalismo à la carte y bruto -pero no brutal- de Carreras cuando posaba de director serio (Los evadidos, 1962; Los hipócritas, 1965; El andador, 1967; Las barras bravas, 1985) y de la decadencia terminal del otrora grande Lucas Demare (La madre María, 1974). Le fue mejor con Alejandro Doria (Los miedos, 1980), pero ya era tarde para replantearse un retorno en serio. Su personaje y su moral pertenecían a otra época. La gente que la había ayudado a ser grande en cine se había muerto o se había evaporado. La distinguida señora siguió, entonces, cantando, recibiendo premios y convirtiéndose en una "institución venerable", hasta darle su nombre, en vida, a un complejo de salas de estreno que en pleno centro de Buenos Aires se dedica a la exhibición de cine argentino. Más que un homenaje, un acto de justicia.
Brecha 891 27/December/2002


Toda una mujer


Álvaro Loureiro


Es cierto que a lo largo de sus 98 conscientes años hubo quienes compararon la intención y el desenfado de Tita Merello con similares atributos de Edith Piaf, mientras los especialistas en analizar temperamentos dramáticos no dejaban de referirse a la Magnani o a Bette Davis, sin olvidar al que, aquilatando el atractivo de las piernas y la carga sensual de la mirada, la asociara a la también legendaria Marlene Dietrich. El mérito de Tita, sin embargo, era, antes que todo eso, el haber sido la creadora de una imagen propia, nacida de la fibra personal de eterna sobreviviente y destinada a ser reproducida y destacada en los escenarios, el cine, la radio, los discos y la televisión.
Nadie sabe empero cómo fueron en detalle los primeros difíciles, muy difíciles tiempos de la muchachita pobre que aprendiera a leer después de cumplir 20 años, cuando comenzaba a brillar en la revista. Atrás quedaban la niñez en el medio rural -hay hasta quien sostiene que Tita vio la luz en San Ramón, Uruguay- haciendo tareas de boyerito, en medio de una orfandad que le hizo conocer las paredes de un asilo. El traslado a Buenos Aires no apuntó en principio a la esquina de Corrientes y Esmeralda sino a los adoquines del bajo, recorriendo oficios, de sirvientita a copera en la milonga y ainda mais, como deja traslucir en el libro semiautobiográfico La calle y yo. ¿Qué mejor título podrían tener las memorias de esta mina cuyo temprano atrevimiento la impulsara a plantarse delante de cualquiera, abrir los ojos, fruncir el labio superior, mostrar las piernas y decir el verso con la ironía y el tono cachador de una intérprete de primera línea? El arte entonces la transformó y le abrió caminos. El pasado fue su escuela y se reflejó en cada una de sus actuaciones. Ojos, boca y voz. Más atrás venían un cuerpo bien torneado, la melena lacia y la carga provocativa que se escapaba por los poros. No era hermosa a primera vista, pero en un par de minutos se convertía en irresistible imán.
Los primeros éxitos fueron en el viejo Bataclán y luego en el Maipo, animando cuadros tangueros en espectáculos de revista. A nadie se le ocurriría no obstante pensar, en plena década del 20 bonaerense, que esa misma Tita conquistaría, años después, el teatro "serio" para brillar no sólo en títulos como El conventillo de la Paloma, una obra un poco a su imagen y semejanza, sino además en vehículos realmente dramáticos como los que ofrecían La tigra de Florencio Sánchez, Filomena Marturano de Eduardo de Filippo o el intenso retrato de mujer abandonada que afloraba en Amorina, de Eduardo Borrás. Para llegar allí, le sirvieron el cine en donde pasó de tanguera protestona a gran figura y los discos de pasta que la radio difundía a toda hora.
La mayor parte de los temas que cantaba o decía -mejor ambos términos- habían sido escritos para Tita, o Tita se adueñaba de ellos. Tal lo que sucediera con "Arrabalera", en cuya letra dejaba bien claro cuán orgullosa se sentía de serlo, la infaltable "Se dice de mí", toda una invitación para que se la viera en camisón, la graciosa "Pipistrella", una gloriosa versión de "El choclo", "Qué hacés, qué hacés" (pronúnciese "hashés" de modo de captar toda la carga de ironía), y "La milonga y yo", en donde la frase "vamos subiendo la cuesta" le serviría de leitmotiv para colorear inolvidables participaciones en los Sábados Circulares de Mancera. En unos y otros, con o sin el apoyo de la batuta del maestro Francisco Canaro, no hubo como Tita para pronunciar términos como "niño bien", "pretencioso", "engrupido" y otros epítetos que subrayaban que con esa mina no se jugaba. Si el feminismo no había llegado al Río de la Plata desde afuera, Tita, desde adentro, lo inventaba y patentaba. Por vivencias y elección, la Merello era una mujer independiente. Sólo siendo independiente pudo sobrevivir cercada por la miseria, el analfabetismo y los golpes y caídas en el empedrado.
Esa misma mujer independiente no se sintió más tarde disminuida al decidir dejar su carrera en un segundo plano para seguir a su amado Luis Sandrini a México o a donde fuese. Esa especie de silencio voluntario y feliz se prolongó por casi toda la década del 40 hasta el momento en que Sandrini volviese la mirada en dirección de Malvina Pastorino. El fin de la relación no significó en absoluto el olvido para Tita por parte de quien siempre llamó el gran amor de su vida. Había habido y hubo igual otros hombres -un juvenil Tito Alonso que encarnaba a su hijo en Arrabalera la acompañó durante un tiempo-, sin desprenderse ella, por cierto, del recuerdo de aquel sentimiento que, años más tarde, la impulsaría a escribir el tema "Llamarada pasional". En el plano personal y profesional, de todas maneras, Tita se imponía el silencio y rehuía reencuentros y comentarios.
Si bien se la conocía por manifestaciones como "no soy rencorosa, pero jamás olvido a los que me golpearon, despreciaron o insultaron", al tiempo de fallecer Sandrini, Tita aceptó una invitación de la televisión para aparecer, con los respetos del caso, dialogando y reflexionando con la Pastorino acerca del hombre que las dos habían amado. Es que las contradicciones inesperadas formaban también parte de su marca de fábrica. O quizás no, ya que, católica practicante a su manera, faltaba más, Tita se las arreglaba para bajar la guardia y permitir aflorar una generosidad pronta a apoyar innumerables obras de caridad o a solidarizarse con colegas en dificultad. En las buenas, las muy buenas y las malas, Hugo del Carril, por ejemplo, fue uno de los grandes que se le acercó y la apoyó y ella hizo otro tanto.
La Merello había bailado tangos y milongas con Tito Lusiardo, podía mostrar las uñas y sacarse chispas con Olinda Bozán en la pantalla o sobre un escenario y aceptar con entusiasmo y sabiduría papeles de mujer mayor, como lo hiciera en Los isleros y Pasó en mi barrio, obteniendo lauros de todas las tiendas. El marco peronista parecía entonces el ideal para promover el ascenso de una figura proveniente de las clases bajas que no se molestaba en ocultarlo y era capaz de enarbolarlo por dentro y por fuera de sus personajes. Por mérito propio, la Merello fue una gran estrella en la época de Perón y, pasado el ostracismo con el cual se intentó rodearla después de la caída del líder, no hubo tantos obstáculos a la hora de reverdercer los laureles. Para recuperar posiciones, supo utilizar las armas de mujer independiente mediante las cuales se abriera camino desde niña. Es que no resultaba tarea sencilla identificar a Tita con un grupo determinado. Más fácil, en cambio, se volvía descubrirla cerca de la gente anónima que se acercaba para pedirle ayuda o consejo. El consultorio sentimental -y existencial- de la Merello no sólo accedía a las páginas de una de las revistas de mayor venta. Más de uno se le presentaba en el estudio o en el teatro para contarle sus problemas. A las mujeres, por lo pronto, se las metía en el bolsillo cuando, entre el tango de rigor y las réplicas a Mancera, miraba a ese lente que tan bien conocía -"¡Ché, no me vayás a enfocar el bandoneón!", le lanzaba al camarógrafo señalándose el cuello y el mentón- sin dejar nunca de dirigirse a las "señoras" que la miraban y, sin duda, admiraban su sinceridad, porque sabían que, llegado el caso, se hallaban ante alguien que, con o sin razón, nunca se callaba y era capaz de poner a raya a cualquiera, desde la reina de Inglaterra para abajo.
Tita Merello se había convertido en una señora capaz de lucir un modelo con elegancia natural y, al rato, irrumpir en el estreno de un compañero sin maquillaje y de pañuelo a la cabeza. Es probable que no haya nacido en San Ramón, por más que quería tanto a Montevideo como para mantener un apartamento en Pocitos al que se venía a descansar junto al inseparable Corbata. Los últimos años se le hicieron un poco largos en la soledad -o independencia- elegida. Es que, a lo mejor, de a ratos, Tita se olvidaba de que estaba bien acompañada por una legión de hombres y mujeres a los que emocionó, divirtió y hasta enseñó.
Como no podía ser de otra manera, se fue el día de Nochebuena.
LA REPUBLICA de Uruguay - 26 de Diciembre de 2002


EL MARTES 24 A LAS 12.40 HS.
FALLECIO LA ACTRIZ Y CANTANTE LAURA ANA "TITA" MERELLO


Se seguirá diciendo de mí


Falleció Tita Merello. "La morocha argentina", como se le había apodado, tenía 98 años. La popular actriz y cantante argentina, será sepultada hoy al mediodía en el Cementerio de La Chacarita.
Ella en esta última semana insistía en repetirme: 'Me voy, me voy, no quiero vivir'", narró a la prensa el autor y productor discográfico Ben Molar, quien la acompañó hasta el final en sus paseos en las cercanías de la Fundación Favaloro, donde vivió internada los últimos cinco años de su vida.
Apodada "la morocha argentina", la popular 'Tita brilló en el cine, la música y la televisión entre las décadas de los años 30 y 70, siendo una de las precursoras del cine sonoro de su país, en el que debutó en 1933 con la película Tango.
Ben Molar contó que Tita Merello "estaba con una memoria y una lucidez asombrosas, me contaba cosas de 1950 y 1960".
"Quizás equivocadamente me decía que la habían olvidado y yo le decía: '¿Cómo podés decir eso si acabo de tomar un colectivo y el chofer me pidió que no me olvidara de darte un beso de parte suya?'", continuó Molar.
El actor y creador del exitoso programa televisivo "La botica del tango", Eduardo Bergara Leuman, consideró que "seguramente se habrá querido ir y estaría un poco harta de lo que veía".
El titular de la Asociación Amigos de la Avenida Corrientes, Eduardo Dosisto, comunicó que la actriz pidió que "las ofrendas (florales) se transformen en donaciones para la Fundación Favaloro" y confirmó que Tita Merello será enterrada hoy en el porteño cementerio de La Chacarita.


Desde abajo


Laura Ana Merello, nació el 11 de octubre de 1904 en la calle Defensa del porteño barrio de San Telmo. Su vida fue muy dura. Casi no conoció a su padre, dado que falleció siendo ella muy pequeña y no hay registros de su madre hasta cuatro años después de su nacimiento cuando Ana Ganelli, una uruguaya de 23 años, la reconoció como hija. Se crió en un asilo y trabajó de niña en el campo, en una estancia de la provincia de Buenos Aires. La pobreza marcó su breve infancia.
Los inicios de su carrera fueron en 1920, cuando comenzó como corista en el Teatro Bataclán, ubicado en la zona del puerto de Buenos Aires. Luego, en 1922, pasó a ser vedette en El Maipo, donde interpretaba el tango "Pedime lo que querés" de Francisco Canaro y Caruso, momento a partir del cual comenzó su carrera artística.
Se convirtió en una de las más singulares actrices argentinas.
Gracias al cine y con el amplio repertorio de películas filmadas, Tita adquirió popularidad como actriz. Fue dirigida por los mejores directores argentinos en treinta y cuatro filmes a lo largo de cincuenta años. Realizó algunas intervenciones en el cine argentino del último período mudo y los primeros del sonoro. Estrenó este último con la recordada película Tango de Luis Moglia Barth con actuaciones de la recientemente fallecida Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Alberto Gómez, Pepe Arias y Luis Sandrini.
Entre sus filmes más destacados se encuentran: Arrabalera, de Tulio Demichelli con Santiago Gómez Cou y Tito Alonso; Así es el tango, de Eduardo Morera con Tito Lusiardo, Olinda Bozán, Fernando Ochoa y Luisa Vehil; también Idolos de la radio, Así es el Tango y La Fuga ambas del 37, aunque su gran éxito fue Los isleros, de Lucas Demare con Arturo García Buhr y Mario Passano. En pleno auge de su carrera cinematográfica y siendo muy solicitada, deja de participar en películas para recién volver a filmar en 1950, con grandes éxitos del cine argentino como Filomena Marturano ¬de Luis Mottura¬ con Guillermo Battaglia y Tito Alonso, con la cual se consagró como actriz dramática. En el cine también se desempeñó como guionista en la película Esto es alegría (1967).
No se especializó en ningún género porque su gran ductilidad le permitió amoldarse a cualquier tipo de papel.
En 1927 comenzó como cancionista, actividad en la cual se destacó por su voz potente, que imponía silencio, por su forma rea, cáustica de cantar el tango y, aunque Tita no se caracterizó por una gran voz, daba fuerza a sus canciones con una gran expresividad, al interpretar los tangos como actriz.
Entre ese mismo año y 1929 grabó dieciocho tangos todos de carácter humorístico y burlón, como "Que careta", "Mi papito", "La viuda misteriosa", "Paquetín paquetón", "Te has comprado un automóvil" y otros melancólicos como "No salgas del barrio". Desde ese momento estuvo veinticinco años sin volver a grabar hasta que en 1954 volvió al disco interpretando tangos humorísticos, casi siempre con el acompañamiento de la orquesta dirigida por Francisco Canaro.
El tango milonga "Se dice de mí" de Canaro y Pelay, su canción más representativa y de enorme éxito, es una especie de autobiografía de Tita. Actuó como actriz y cancionista con Canaro durante varias temporadas teatrales. A comienzos de los años 30, popularizó dos rancheras referidas a la situación económica: "¿Donde hay un mango?" y "Los amores con la crisis".
En el teatro mostró sus distintas facetas: por un lado, con picardía y gracia cultivó su estilo humorístico y por otro, puso de manifiesto sus notables condiciones para el drama en El lazo de Claudio Martínez Paiva, para consagrarse como actriz en este género en Montevideo (1937), con la obra de Enrique Larreta Santa María del Buen Ayre. Su trabajo en teatro fue permanente, destacándose entre otras: El conventillo de la Paloma que fue un éxito y le dio gran popularidad; Esta noche filmación; Hombres en mi vida; Miércoles de ceniza; Amorina y Buenos Aires de ayer y hoy, obra de Canaro y Pelay estrenada en 1943, donde se lució interpretando "Tranquilo, vieja, tranquilo".
En su faceta de autora de tangos, escribió "Llamarada pasional" con música de Héctor Stamponi y "Decime Dios, dónde estás", junto a Manuel Sucher. Como así también el tango "Muchacho rana" en el cual critica a un joven en su gusto por la "nueva ola", la moda "petitera", el "rock" y su repulsión al trabajo.

Se dice de mí


Merello nunca renegó de su origen ni de su pasado y en un reportaje reconoció haber "hecho la calle". Hasta los 20 años fue analfabeta y fue un amante "culto" quien le enseñó a leer.
Su gran amor, fue Luis Sandrini, el hombre que la marcó eternamente y con quien compartió diez años de su vida hasta que la dejó repentinamente después de un viaje, sin explicación alguna. A ese amor, que fue público, se comenta que le escribió el tango, "Llamarada pasional", canción que tuvo un gran éxito. Cuentan sus allegados que en su casa había una silla vacía, la que usaba Sandrini y que nadie volvió a utilizarla después de él.
En 1992, la conductora televisiva Susana Giménez juntó a la veterana actriz y cantante (tenía 88 años) con la esposa de Sandrini, Malvina Pastorino. Ambas actrices aceptaron juntarse con la condición de no hablar del actor. Sin embargo en un momento del programa Merello dijo "el que te dije debe estar contento: acá estamos las dos, ella (por Pastorino) fue su mujer y yo, tal vez, haya sido su amor".
Aunque nunca fue una militante, simpatizaba con el peronismo, la fuerza popular que dominó la historia política argentina y que la legitimó socialmente. Con la caída del gobierno de Juan Domingo Perón, Tita ya no tuvo el mismo trabajo, le fueron negadas muchas posibilidades e incluso llegó a ser atacada a la salida de una radio por grupos que apoyaban al golpe militar del 55, que derrocó a Perón. Así es como fue proscripta. Para poder mantenerse trabajó recorriendo el interior del país y en parques de diversiones y circos. Luego decidió viajar a México, desde donde retornó hacia la Argentina, en 1957.
Retomó su trabajo, sorprendiendo al público con su participación en la televisión. Tita también figura entre los grandes nombres de la radio argentina: participó en ciclos con una gran repercusión, como "Mademoiselle Elise", con libro de Luis Mario Moretti y "Gorriona", con textos de Roberto Gil. Es en ese mismo medio, en la década del 70 donde emite su famosa muletilla: "Hacete el papanicolao" (examen ginecológico femenino que detecta enfermedades como el cáncer). Con el paso de los años y para ocultar su decadencia física la radio fue el medio en el cual se recluyó.
En la radio trabajó hasta después de los noventa años en espacios semanales donde se convirtió en una especie de conciencia moral de los argentinos, dando mensajes de cuño cristiano.
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LA LENGUA DEL ORIGEN - Eduardo Milán

LA LENGUA DEL ORIGEN




Eduardo Milán, el gran poeta y ensayista uruguayo residente en México, participó en la XVI Edición del Festival de Poesía de Rosario. Aquí de su formación, de cómo el exilio volvió el origen en lengua


Entrevista de Pablo Makovsky


Una avenida y una plaza separan a la ciudad uruguaya de Rivera y Sant’Ana do Livramento, en Brasil. En esa ciudad dividida por la frontera nació el poeta Eduardo Milán, quien reside desde fines de los 70 en México, luego de que su padre fuera encarcelado por motivos políticos. “Cuando salí de Uruguay en 1979 perdí una parte de mí. No se puede ya estar parado sobre la tierra con esa seguridad de quien tiene en la tierra apoyo”, escribe Milán para su presentación en el XVI Festival Internacional de Poesía de Rosario, al que ofrecerá unas palabras de apertura el miércoles que viene a las 16.30 en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia (sede central del encuentro en San Martín y San Juan).


Eduardo Milán es tal vez una de las voces principales de la poesía en lengua española. La afirmación anterior es necesaria acaso a los fines periodísticos: se necesita situar esa voz en el concierto de un mundo poético vasto y a veces dispar. Pero es también una afirmación engañosa: Milán no imposta el tono ni la pose de “aquí viene una de las voces principales”.


En 1999 Milán publicó Manto, donde reunió su obra poética, dos años más tarde, la editorial Visor de Madrid publicó un nuevo volumen de poesía, Razón de amor y acto de fe. Al trabajo de Milán como poeta (Cal para primeras pinturas, su primer libro, es de 1973), se su suma su actividad crítica tal vez insoslayable Una cierta mirada (1989) y Resistir: insistencias sobre el presente poético (1994, reeditado por el Fondo de Cultura Económica en 2003). El año pasado Milán compiló Pulir Huesos (Galaxia Gutenberg, Madrid), una muestra de escrituras de autores latinoamericanos nacidos entre 1950 y 1965.


A diferencia del coqueto pesimismo que vuelve entretenidos a muchos ejemplares poéticos de la modernidad tardía, el de Milán podría ser un pesimismo que retira el gesto fácil de entretener, si es que se trata de un pesimismo. “Un poeta es un fracaso, como decía Gerardo Diego. Pero no es un perdido”, escribe en esta entrevista que con generosidad envía desde México, mientras consulta el menú climático que le ofrece la ciudad.


En sus diarios, Mircea Eliade anotó que el exiliado no vuelve a la patria sino en secreto, quería decir que había algo de sagrado en ese retorno silencioso. La voz de Milán, la que se deja oír en esta entrevista, como en sus textos, son como los golpes a la puerta en Macbeth: vienen a hacernos saber de ese silencio gigantesco del que escapamos con la vista vuelta a medias.


— Naciste en Rivera, un lugar en la frontera con Brasil, ¿cómo fue tu formación en el Uruguay de entonces, entre el interior y Montevideo?


Mi formación en Uruguay se da siempre en relación a Brasil. Quizás, o sin quizás, por el hecho de la situación fronteriza de Rivera, nombre de caudillo, no de borde. Hay que imaginar la realidad pueblerina de Rivera –nací en 1952– en los cincuenta como la creciente fascinación hacia el espejismo brasileño que prácticamente se traducirá a un adelantado tecnofascismo gracias a la influencia norteamericana, bien marcada por el golpe de estado de 1964.


El problema era la lengua, las dos lenguas, el portugués por el lado materno y el castellano por el paterno. De ahí la importancia que tiene para mí y para mi escritura poética la noción de frontera en el sentido de límite, no tanto en el sentido de un habla mezclada. Tal vez porque hablaba las dos lenguas no fui seducido por una mezcla. Pero tal vez el problema en mi caso fue lo causado por la orfandad temprana de madre. Desde eso se genera una lengua que no se habla y una que se habla totalmente. Aunque lo que no se habla está intacto. Aunque lo que se habla tiende a imponerse como visión. Di todo lo que quieras en castellano, no digas nada en portugués. Una lengua se ausenta, la materna. Ese encuadre es fundamental para mí. Hasta que viene el segundo encuadre: la cárcel de mi padre por motivos políticos. Pero yo ya tenía 19 años, vivía en Montevideo y era estudiante universitario. Fue el encarcelamiento de mi padre lo que me hizo salir del país. Volviendo: desde niño tuve la formación de las dos culturas. Las lenguas no soy muy diferentes, sí las culturas. Yo era hablante de portugués y me familiaricé muy pronto con la literatura y la música brasileña. Es muy opuesto ese universo al modelo lógico cartesiano uruguayo. Es como si hubiera vivido en mi infancia esa realidad que fabula Paulo Leminski en Catatau: Renato Cartesio, casi distraído, caído en medio de la selva y de los indígenas. Decir que leí todo lo que podía es aumentar el tamaño de la mitopoética personal, desde Machado de Assis, pasando por Guimaraes Rosa, a Jorge Amado. Después uno se da cuenta de quién es quién. La poesía entra por la música. Lo que ocurre es que cuando uno se da cuenta que Tropicalia –Caetano Veloso, Gilberto Gil, Capinam, Os mutantes– tiene influencia de la poesía concreta uno, yo, va a la poesía concreta. Aunque conocí personalmente a Haroldo de Campos cuando tenía 23 años, ya lo había leído. Yo no sé si hay una media de lectura de poesía clara en Brasil. Pero los que leen saben que Carlos Drummond de Andrade es el gran poeta brasileño del siglo XX. Esa claridad, “de raza” se diría, no existe en Uruguay. Ahí se confunde la cosa pese a que el nivel de alfabetización generalizado –de eso, en realidad, es de lo que habría que hablar cuando se habla de una media cultural alta en Uruguay y en Argentina– es bueno, quizás en Chile también. Un uruguayo medio no distingue la importancia de poetas como Julio Herrera y Reissig o Pablo Picatto, respecto de la de un Líber Falco o de Juana de Ibarbourou. Uno se forma así: en medio de una cierta confusión muy lógicamente armada. Después viene la guerrilla, sigue la dictadura militar y se cae todo. Pero tuve una gran suerte: dos buenos profesores, excelentes poetas: Washington Benavides en el liceo y Jorge Medina Vidal en la Universidad.


— ¿Cómo creés que está presente ese origen en la elaboración de tu poesía y tus ensayos, en el extranjero?


El exilio transforma el origen en lengua. Y ahí viene la disyuntiva: o intentar crear una personal lengua del exilio o elegir la poesía, que es el exilio de la lengua. Elegí lo segundo porque elegir lo primero es tratar de representarse a uno mismo en el exilio, dar la “versión personal”, el exilio como lucro, no como logro. Y eso es demasiado acumulación primaria del capital para mí. Como elegí lo segundo, no me afectó el cruce lingüístico, la fusión o disfunción idiomática creada en la frontera. El origen se mantiene con una parte ausente sin vuelta de hoja, a lomo de libro. Sobre esa carencia organizo todo lo que escribo. Siempre está presente como una dualidad inequívoca: ausencia por muerte y cárcel vinculados al origen.


— En una entrevista señalaste –como otros críticos y poetas vinculados a la poesía latinoamericana– que la operación fundante de Rubén Darío consistió en usar las formas de la lengua francesa en el español. Uruguay tiene fuertes vínculos con la poesía en Francés (por Supervielle, por Lautreamont, por Laforgue), ¿cómo es tu relación con el español en ese sentido?


El español que escribo tiene tanto de español como la poesía tiene de española, quiero decir, la escrita fuera de España. Recordaría aquí que aunque la lengua es principalísima, la articulación y desarticulación lingüística que lleva a cabo la poesía la vuelven más allá de toda lengua. Escribir poesía es hablar menos una lengua, no afianzarla. No puedo modificar la poesía por el lado de la lengua. Para eso hay que tener una extrañamiento de la lengua en que se habla/escribe que nunca tuve. Callé una lengua. Pero no me extrañé de la otra, el castellano. No puedo entrar como un extraño en la casa en que vivo. Y tampoco quiero enmascararme como un para-babélico para traer la buena nueva ecuménica y consensual, “de afuera”. Los tres “franceses que Uruguay dio a Francia” tienen un papel fundamental en la poesía moderna, sobre todo Lautreamont y Laforgue –sobre todo Laforgue por el uso dinamitero del lenguaje coloquial, una irrupción irreversible en la poesía del siglo XX. Pero el “coloquial” laforguiano no equivale a una lengua o a un idioma sino a un modo de articulación del lenguaje poético.


— A propósito, a partir de cierto momento reciente la poesía en el Río de la Plata de alguna manera toma un español más “rioplatense”, ¿cómo es tu relación con ese español más próximo a tu origen?


El uruguayo rioplatense igual que el argentino rioplatense tiene muchas razones de emergencia. En esa “localización” del habla hay afectos vinculados a las desapariciones tanto físicas, dictatoriales, como a las escriturales del yo. Los rioplatensismos poéticos son necesidad de afirmación ante la exclusión y la negación que sólo luego se vuelve moneda de cambio poética. El problema es la creación de esas especies de “poéticas de barrio”, donde nada sale de allí, donde el narcisismo que retorna ante lo reprimido y la imposibilidad se vuelven la excepcionalidad, la distinción o la elegancia. Especies de tango, samba o chacarera globales localizadas en el léxico. Y hay que “salir de allí”. No existe la transfiguración barrial.


— Si bien sos acaso uno de los poetas contemporáneos más importantes de Uruguay, reconocido por pares y compatriotas, tu poesía no muestra –al menos hasta donde humilde y pequeñamente pude verlo– relaciones con la de Marosa Di Giorgio, Roberto Echavarren, por citar dos nombres, ¿cómo es tu relación con los compatriotas en ese sentido?


Nunca tuve muchos amigos en el Uruguay pre-exilio, que coincide con la dictadura –los seis años de la dictadura que viví en Uruguay. Mis amigos constantes eran Roberto Appratto, Salvador Puig y Juan Carlos Macedo. Juan Carlos murió. Appratto y Puig son mis amigos. Se trataba de con quién compartir la desolación y la palabra. Respeto mucho a Marosa y también a Echavarren. Pero no tengo vínculos en general con los escritores uruguayos.


— ¿Y con los argentinos? Digo, está tu relación con Hugo Gola en México, ¿cómo es tu vida en México?


Tengo dos escritores argentinos queridos por mí fuera del Cono Sur: Hugo Gola y Edgardo Dobry, uno en México y el otro en Barcelona. Hace treinta años que conozco a Hugo. Es como un paisano poético. Un interlocutor, del mismo modo que Edgardo lo es. Uno no tiene muchos interlocutores en lo poético. Y si lo tiene es mejor dejarlo. No se puede vivir la vida entera dando cenas y contestando e-mails para evitar la traición o el ninguneo. La dignidad tiene que aparecer por algún lado. Mi vida en México tiene distintos momentos y períodos. En casi treinta años ocurren muchas cosas. Mis tres hijos son mexicanos. No es una situación fácil –sobre todo en este momento de crisis profunda en México– vivir con la conciencia de un conosureño en el país.


— Apprato dice que tus poemas hacen pensar en la poesía misma. Es de algún modo cierto (te cito: “El arte nunca es la verdad/ pero hay momentos, hay momentos tan ausentes/ como éste, en que la verdad es una forma de arte…”), hay allí una postulación que se ausenta, para decirlo con otras palabras, ¿cuánto interviene el crítico que hay en vos al momento de componer tu poesía?


Appratto dice eso por una cosa, me parece: en lo que hago trato de llevar la poesía fuera de sí, salirla, cosa que vuelve la memoria a la poesía, hace dar vuelta la cabeza, orfeíza la cosa. Hay distintos niveles en esa reminiscencia o en esa resonancia que se produce. Porque hay poesía de distintos niveles. Creo que hay que buscarle la vuelta a la poesía, el lenguaje poético en sí mismo no me dice nada. Es un código al que estoy demasiado habituado. Y en épocas de transformación y desastre, como ésta en que uno vive, la tendencia es a legitimar las prácticas como acuse de sobrevivencia. Dados los tiempos que corren toda poesía es buena. Eso crea una falsa complicidad entre el general de turno, el accionista de Wall-Mart y yo. Y no existe tal complicidad a la hora del golpe, del fraude o del poema. El crítico, el que pone el objeto en crisis –en este caso el lenguaje del “objeto de arte”, en el supuesto caso que se siga sosteniendo que el poema es también “objeto de arte”– tiene la obligación del discernimiento, de huir del brindis y del ninguneo, prácticas más que incómodas en un momento de sed consensual. No es optativo como no es optativa la rebelión ante el sometimiento: es obligatorio para mantener la ciudadanía. Al menos en la tradición libertaria. Y al menos en la Revolución Francesa. El crítico aparece sabiendo que el acto crítico hoy en día es poco menos que la impertinencia estética.


— Vuelvo al Uruguay: hablaste en una entrevista de tu huída de “una racionalidad implacable”. ¿Cómo es eso de la “racionalidad” del Uruguay?


No sé exactamente donde dije eso. Pero puedo entender todavía por qué lo dije. Hay una generación de escritores uruguayos, como tú sabes, que se llama “la generación crítica”, término acuñado por Ángel Rama. Refiere a varias cosas: a la situación política uruguaya que les toca a vivir –comienzos de los sesenta–, a la penetración –o su intento– del lenguaje en la realidad política y social –intento fallido, salvo excepción (que podría ser Benavides)–, conciencia civil desarrollada en los escritores, todo lo cual daba un realismo escritural “laico y obligatorio”, para parafrasear la emblemática de la escuela uruguaya. Rara vez esa conciencia se pone a sí misma en crisis, nunca pone al lenguaje en crisis, el ave literaria no abre sus vísceras. Pero yendo más hondo, en un sentido de Adorno, ese realismo negador que va a desembocar en el régimen dictatorial de los setenta-ochenta propone una visión unidimensional de la vida, la palabra y la conciencia misma. La historia simbólica uruguaya se asienta en una figura casi mitológica, que es la de Artigas, en un sentido poético-heroico total: es un personaje traicionado, desterrado y que se niega a volver. Es un golpe fatal. La potencia acusatoria de esa renuncia pone el dedo en la llaga de una realidad progresista-modernista-racionalista que vuelve a los uruguayos sordos al mito como discurso fundacional. Para mí en Uruguay hay de dos: el arte de quedarte y el arte de Artigas. Otra vez elegí el segundo, que en realidad es el primero.


— ¿Qué significa para vos, en este momento, la invitación al Festival de Rosario?


Yo no voy a muchos festivales. En mi vida no llego a diez concurridos. No hay garantía ninguna en un festival de poesía en cuanto a la poesía. También ahí se actúa por sobrentendido, una complicidad de ritual, creer que algo está pasando realmente importante, “que en este mundo todavía existan estas cosas”. Hay quien le va a todas. Es como esa frase hecha: “un perdido le va a todas”. Un poeta es un fracaso, como decía Gerardo Diego. Pero no es un perdido. Y como yo no creo en los “territorios libres” que no sean reales, es decir, que no pasen por la autonomía política, social y económica y la emancipación humana, un festival de poesía no me dice en sí nada. El de Rosario tiene connotaciones muy especiales. Tiene una tradición de nivel que no es frecuente. A esta edición van tipos que admiro y leo. Reconozco y confío en los organizadores. Se da en Rosario, con la tradición autónoma de Santa Fe. En tercer lugar, de ahí son Hugo Gola y Edgardo Dobry, dos queridos amigos míos. Lugar de Juanele, según creo. Son muchas cosas juntas. Ir a Argentina en este momento me importa. Es, para mí, uno de los bastiones de la conciencia crítica intelectual en América Latina en este momento.

A los veinte años tu sexo olía profundamente............................................................................................................



A los veinte años tu sexo olía profundamente,
antiguo, tibio, una raíz sin frío, precaria
aun viniendo de un pasado tan hondo, mítico
de atreverse a atravesar la selva sin ser visto.
Voz de ánima en pena que busca un continente,
África donde agarrarse, desgarrada. Pero volviendo,
el sexo de la mujer tiene una autonomía rara
como si le perteneciera y como si le fuera ajeno,
ajenjo, independiente, estado ebrio. Vive en la fiebre
su larga memoria que lo habilita al delirio. Sus labios
son verdaderos labios. Una raíz que no es una raíz
pero parece por su resonancia. A partir de un punto
el poema son innumerables ecos, aguas liberadas, felices
de expansivas después de ser tocadas.
El dolor del desencanto está presente...
El dolor del desencanto está presente
en este párrafo. Parra,
fado de Portugal, gota
de saudade para no beber en labios
sino en vaso de vino, solo. Lo que resta de saúde
no lo resta el vaso ni sus labios húmedos:
lo resta la saudade, lo mejor de Portugal.
* * *
Se agita el corazón como si fuera
un órgano exterior clavado dentro.
Felices los niños que no saben lo que tienen
a ciencia cierta -sí lo que no tienen, por arte de magia.
Tristeza es descubrirse el corazón.
* * *
Es duro abandonar el concepto,
las cosas queridas de esta vida de cosas,
en favor de la palabra, en su apuesta.
La verdad, la razón, la mentira, el movimiento,
la flor, el buzón de la correspondencia, la máscara
y las cartas de amor que se introducen selladas
no son nada absolutamente si no hay palabra cerca.
No cosas, palabra cerca.
* * *
La memoria es una llama
que habita la casa de uno,
dos, tres, los que quieras
que habiten tu casa interna.
Hay dos casas: una interna
y una externa, esta última
es la fachada que detiene los ojos
y la lluvia. Es una llama encendida
que no se apaga. Puede no dejarte vivir.
Dentro de ti es alimento no siempre en buen estado.
Fuera es una fogata. Cuando la memoria sale
en general sale mal: prende fuego en los pinos,
en los techos, en la antenas, y, si hay azoteas,
ahí. En la cordillera está en calma,
impávida la llama,
su memoria ceremonial sumida en sí misma.
Cuando sale bien incendia lo incendiable
la presencia de la llama y su ausencia,
ambas fundidas en una, fulgurante
memoria de lo que no se cumplió.
* * *
¿Para quién habla uno?
Habla uno para uno, no para dos ni para tres.
Ni siquiera para uno:
para dos ojos brillando en la espesura..
Habla el esperma en la esperanza del hijo.
Uno habla para otro intangible que es llovizna,
no tocable, no moldeable por las manos de masa,
o tocable por palabras, tan afecto.
* * *
No más de un poema por vez.
Esta es la vez de la amada, marca
el tiempo lo que es: su hora,
hora del cuerpo. Cuerpo tiene el amor
-espíritu lo demás, y lo demás, demasiado- ~
cuerpo no siempre justo, a veces excede el cuerpo.
Sede de la forma y de tí sed,
agua a la que nada falta -otra mentira:
¿le falta algo a la flor? Nada falta a la gacela,
llena de celo, completa. Abra,
al abra se le parece.
Veníamos rondando la idea de apertura
del tiempo en un lugar preciso: el abra,
ése es el lugar preciso,
no la palabra que tu cuerpo calla.
El amor cuando es amor no habla,
no necesita.
* * *
Ella oficia lo que oficia,
lo que la pica.
Dándole el sol un brillo jubiloso,
la luna le quita esplendor, la opaca
El día la mueve, en tanto
la noche, reposo, la obliga a posarse.
Se posa. Y es como una pájara
que espera, posada, al pájaro
que venga de una vez a la morada,
que le haga justicia en la tierra.
Que -que-que, vertical descendente,
ha venido el pájaro a hacerle justicia
A la posada, a la en la morada abierta. ■
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antología de cuentos de escritores latinoamericanos


No es rioplatense pero es latinoamericano...
México, 2 Mayo 09 (EL UNIVERSAL).- El cuento, ese género literario que para Julio Cortázar debía tener “punch” y no ser un “knock-out” largamente acariciado como es la novela, goza de una excelente salud en América Latina. Lo confirman las antologías que aparecen de tanto en tanto, hay una reciente de nombre muy mexicano: De lengua me como un cuento.
Ese título "fue nuestro aporte a la lengua castellana de la que da cuenta el libro", indica la editora Paola Tinoco, quien seleccionó los relatos de los 19 cuentistas que se reúnen en la antología publicada por el sello Axial y que sirve para dar cuenta de los narradores que relevan a las grandes figuras del cuento en América Latina.
Tras una investigación, el catedrático y especialista en el relato breve, Lauro Zavala, ha dicho que en México se han publicado más cuentos en los últimos 20 años que en los 50 años anteriores. Hay un interés de los lectores por ese género que desdeñan algunas editoriales trasnacionales, pero que impulsan las editoras independientes.
Nunca ha sido un género que venda lo que las novelas o los diccionarios, pero siempre ha tenido un público numeroso y fiel a los nuevos exponentes. La antología "De lengua me como un cuento" da cuenta del trabajo de escritores guatemaltecos, colombianos, mexicanos, argentinos, chilenos, cubanos, uruguayos, bolivianos, peruanos y venezolanos.
Muchos de los incluidos no se conocen en México, como el venezolano Slavko Zupcic o los colombianos Antonio Ungar, Ricardo Silva Romero y John Jairo Junieles, pero son plumas reconocidas en su tierra, han publicado más de un libro y son escritores que deambulan entre el cuento y la novela.


Esos fueron los criterios de la selección: nacidos en los 70, latinoamericanos, que manejaran el género, tener libros publicados, pero ante todo, que dominaran el lenguaje castellano y su narrativa estuviera casi desprovista de localismos con el fin de hacer una antología latinoamericana.
Para seleccionar a los cuentistas fue determinante el encuentro literario Bogotá 39, (agosto de 2007, Bogotá, Colombia), donde se dieron cita los mejores 39 escritores latinoamericanos menores de 39 años, según el jurado conformado por Piedad Bonnett, Héctor Abad Faciolince y Oscar Collazos.
Tinoco asegura que estos autores son una muestra representativa del cuento que se escribe en América Latina. "Son jóvenes nacidos en los 70, rondan entre los 30 y los 40 años, y aunque algunos de ellos no los conocemos en México porque no circulan sus libros, en sus países son reconocidos y algunos tienen más de un premio literario".
Santiago Roncagliolo, Guadalupe Nettel, Andrés Neuman, Fabrizio Mejía Madrid, Wendy Guerra, Álvaro Enrigue, Claudia Amengual, Álvaro Bisana, Alejandro Zambra y Nicolás Cabral, son los cuentistas que ahora están produciendo buena literatura. "Todos son novelistas y me da la impresión de que usan el género lingüístico para reposar un poco entre novela y novela", dice.
Retornan al cuento luego de una novela o van a la novela después de haber emprendido un conjunto de relatos. Muchos de ellos son sólidos novelistas, pero también son elaborados con el cuento. Por ejemplo, el argentino Andrés Neuman es muy cuentista y sin embargo hace unos días obtuvo el Premio Alfaguara de Novela, lo mismo el peruano Santiago Roncngliolo, ganador del mismo premio hace tres años.
Cada escritor asume el cuento de manera distinta y desde esas certeza lo define. Los distingue una forma diferente de narrar. "Tienen una manera más relajada y más veloz para contar, porque a ellos les tocó vivir la época de la tecnología, escribir en blogs; la mayoría de ellos tienen uno donde publican sus cuentos; su lenguaje no se parece en nada a la generación anterior".
Sus temas son las obsesiones, tal vez sea algo generacional: hablan de sexo, muerte y relaciones conflictivas. "Quisimos mostrar la forma en que se habla el castellano; es la misma lengua pero no se habla igual, hay muchos localismos pero se pueden leer en cualquier parte del mundo", apuntó Tinoco.
Aunque muchos son novelistas consumados, otros no han publicado una obra de largo aliento. Es el caso de Nicolás Cabral, el mexicano-argentino es editor de la revista La Tempestad y Carlos Demián, el más joven de todos y finalista de la primera edición del concurso Caza de Letras de la UNAM. Otros trabajan novelas: la mexicana Guadalupe Nettel y el argentino Pedro Mairal y el chileno Alejandro Zambra.
Hay autores desconocidos en México, como Rodrigo Hasbún, John Jairo Junieles, José Manuel Pérez o Ricardo Silva Romero; acaso se conoce a Claudia Amengual, narradora de Uruguay que en 2007 ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.


ROTATIVO de Querétaro

ARTISTAS DEL URUGUAY EN ESTAMPILLAS

ARTISTAS DEL URUGUAY EN ESTAMPILLAS




Detalles Técnicos:
fecha de emisión: 27/10/1998 Código: 1998-47-S Valor: $ 18.- serie comp por 3 mot de $6.- c/u (pesos uruguayos) Dibujante: Diego Massi Tirada: 35.000 de c/motivo
En esta ocasión, la Administración Nacional de Correos, brinda homenaje a tres artistas del siglo XX que forman parte del rico patrimonio cultural de nuestro país. La serie ˜Artistas Uruguayos˜ ilustra al escultor Nerses Ounanian, al músico de Tango Hector María Artola, y al escritor Serafín J. García. Los ARTISTAS fueron seleccionados de las propuestas recibidas para ˜Certamen Uruguay en los Sellos, emisión ˜98˜.

NERSES OUNANIAN ESCULTURA
Propuesto por Gustavo A. Zulamián Ohanián.
De origen armenio, nació en Samos, Grecia en 1920 y llegó a Montevideo en 1928. ˜Su obra y vida lamentablemente, se frustraron en la plenitud de su potencialidad creadora en el preciso momento que apuntaba la maduración de un lenguaje original˜, manifestaba la Profesora María Luisa Torrens de Martín en los años ˜80. Ounanian formaba, junto a Germàn Cabrera y Eduardo Yepes, la trilogía que en la década del ˜50, cambiaron la escultura contemporánea uruguaya. Una de sus obras integra la estatutaria de Montevideo, a un costado de la Iglesia Apostólica Ortodoxa Armenia. Una figura femenina desnuda que descansa su cuerpo sobre las rodillas, con los brazos elevados en gesto de desesperación, se levanta en memoria de los Mártires Armenios del Genocidio perpetuado por los turcos en 1915. En 1985, se denomina con el nombre de Nerses Ounanian, a un tramo de la calle Vilardebó que desemboca precisamente frente a la Iglesia Armenia. Sin una carrera docente, supo aportar a los jóvenes estudiantes de Bellas Artes su más amplia visión del arte occidental y oriental. Esta personalidad excepcional, siendo extranjero, volcó toda su sensibilidad e inteligencia a su país por adopción, Uruguay. Fue escultor, pintor, dibujante, grabador y ceramista. Falleció en diciembre de 1957.
En la estampilla aparece su obra pictórica ˜Autorretrato˜ y la escultura ˜Maternidad˜, ambas del acervo del Museo nacional de Artes Visuales. La fotografia del autorretrato fue tomada por Mario Marotta.
(Datos Gustavo Angel Zulamián Ohanián)


HECTOR MARÌA ARTOLA MÙSICA
Propuesto por Academia del Tango de la República Oriental del Uruguay.
Nació en San José el 30 de abril de 1903. Antes de cumplir los 10 años iniciaba sus estudios musicales, alternados con los escolares. Recibió lecciones de piano y flautín. Era también organista y estudiaba bandoneón en un instrumento de medio teclado, sin profesor. En los años de su adolescencia formó parte como pianista de algunas orquestas. Se radicó en Montevideo motivado por Juan Baüer (Firpito)(1921), con quien formó el trío Baüer(piano), Zerrillo(violín) y Artola(bandoneón). Este trío inaugura el cabaret Chantecler en la Calle Andes (Montevideo) en el año 1924, prolongando sus actuaciones por más de un año. En pocos años Artola formó parte de muchas orquestas. Fue protagonista en muchos cabarets de Montevideo junto a músicos de gran talento. ˜Quico˜, como le decían sus amigos, fue recomendado en París por su amigo Luis Viappiana (1927). Allí hizo perfeccionamiento musical y estudió bandoneón. Recorre varios países de Europa tocando con artistas franceses, argentinos y uruguayos, hasta que enferma gravemente. Fue cuando Gerardo Matos Rodríguez le escribe el popular tango ˜ Te fuiste...ja...ja˜. En 19391/32 grabó discos en Europa con el cantor Luis Scalòn. De vuelta en Montevideo (˜34) Artola anuncia el acompañamiento de la cancionista argentina Libertad Lamarque, junto a Antonio Malerba y Antonio Podio , labor que se prolongó hasta 1937. Colaboró en la película ˜Ayúdame a vivir˜, componiendo el tema homónimo con Malerba y la marcha ˜Canto por la Vida˜, ambos con la letra de A. Supparo. Con ˜Los Poetas del Tango˜, fue parte del ˜Jabón Federal en Radio Belgrano˜, y en seguida pasó a revistar en la orquesta de Francisco Canaro. Retorna a Europa hasta que, en 1940, debido a la Guerra, vuelve a Buenos Aires. Ha quedado el testimonio sonoro de su orquesta Sinfónica Argentina, realizado a comienzos del ˜50, un arreglo para el único disco de la orquesta de Elvino Varadero en1953 y en 1964 una obra con clima de tango ˜Plegaria para un Drama de Tango˜. Algunos exitosos tangos que ha hecho Artola son : ˜Desconsuelo˜, ˜Marcas˜, ˜Tango y Copas˜ y ˜Equipaje˜ con C. Bahr, ˜Falsedad˜ y ˜Serenidad˜ con Alfredo Navarrine, ˜En un Rincón˜ con Homero Manzi. A fines del 70 Hector María Artola vuelve a su querido San José, brindando desde allí su amistad y su sapiencia. Víctima de una enfermedad, falleció el 8 de julio de 1982 en Buenos Aires. Sus restos descansan hoy en el Cementerio de San José, Uruguay.
En el sello aparece el retrato del Músico y partituras para bandoneón.
(Datos :Horacio Loriente).


SERAFIN JOSE GARCIA LITERATURA
Propuesto por María Angélica Silva, Coordinadora de Cultura de la Biblioteca Municipal de Vergara, Dpto. de Treinta y Tres.
En 1905 nace en Cañada Grande, en Treinta y Tres, Uruguay. Se traslada con su familia a Vergara, en el mismo departamento, donde realiza cursos escolares. En 1917 empieza el aprendizaje de tipógrafo. Muy pronto ensaya sus primeros escarceos literarios escribiendo rimas y narraciones. Cuando tenía años de edad fallece su padre ; comienza a enfrentarse al problema del hombre y su destino, en cuyos dramáticos avatares halla una buena porción de los temas que animarán sus páginas. Adolescente aún, adquiere nociones de música y ejerce por breve lapso el periodismo lugareño. Lee a Barbusse, Rolland, Andreiev y Gorki, sus escritores preferidos entonces, y también a muchos clásicos españoles, favorecido por su condición de bibliotecario del club social. En 1934 contrae matrimonio con Blanca Elma González, mujer inteligente y fina, que lo alentara siempre. 1936. Aparece ˜TACURUSES˜. Colección de poemas gauchescos que se convirtió en éxito literario, siendo editado 17 veces. Publicó además obras en verso y prosas, cuentos, fábulas, crónicas, ensayos, estampas, y bajo el seudónimo de ˜Simplicio Bobadilla˜, publica paginas humorísticas en varias ocasiones. Sus relatos para niños fueron adoptados por los Consejos de Enseñanza como lecturas en Escuelas y Liceos del país. Sus obras han sido objeto de numerosas reediciones. Algunas se encuentran traducidas al inglés, francés, italiano, portugués y al idish. A lo largo de cuarenta años, triunfa en 8 concursos literarios nacionales de carácter oficial y en 3 de índole particular Su obra PIQUIN Y CHISPITA fue seleccionada entre las diez mejores de la producción internacional de libros para niños publicados entre 1967 y 1968, distinción que lo incluyó en el cuadro de honor del premio Literatura Infantil Universal ˜Hans Christian Andersen˜ en Bologna, Italia, abril 4 de 1970. . Entre los de carácter oficial recibió el Premio Rodó y el de la Trienal de Literatura del Ministerio de Educación y Cultura de los años 1981-1983. Nominado en el año 1974 para ocupar un lugar en la Academia Nacional de Letras, propuesta que aceptó posteriormente en 1983, ocupando el sillón Dámaso Antonio Larrañaga. Serafín J. García falleció en Montevideo el 29 de abril de 1985, pocos meses antes del cincuentenario de la primera aparición de ˜TACURUSES˜, obra por la cual recibiera tantos homenajes.
En el sello aparecen ilustraciones de su libro ˜PIQUIN Y CHISPITA˜.
datos biográficos por A. Rodríguez Mallarini)
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EL TANGO: TAMBIÉN DE URUGUAY / Carlos Rul-lan


• Carlos Rul-lan 2009-12-20
El país sudamericano lucha por dar a conocer al mundo que el célebre baile tuvo su origen en ambos lados del Río de la Plata


En Argentina entran cada año alrededor de 80 millones de dólares en turismo relacionado con el tango, una cifra que no tiene parangón —ni siquiera haciendo malabarismos de proporción demográfica— con lo que recibe anualmente el otro puerto donde nació este arte, Uruguay.
Y es que según apuntan expertos como Pedro Rubinstein, "hubo un momento en que Uruguay perdió el tango".
Un despropósito que la institución Joventango, la más antigua de Uruguay y de la que Rubinstein es presidente, intenta remediar desde hace 32 años y que desde los 90 parece que va dando sus frutos.
Si en las décadas de los 30, 40 y 50 del siglo XX este género musical empezó a desarrollarse en los márgenes del Río de la Plata, en los puertos de Buenos Aires y Montevideo, desde mediados de los 70 en Uruguay fue perdiendo fuerza y, como explicó Rubinstein, "ahí Argentina lo hizo mejor y salió a dar a conocer este arte por el mundo con la compañía Tango Argentino".
La desidia de las instituciones, el buen hacer del país vecino y la confusión que provocó el que dicha compañía se llamase Tango Argentino motivaron la errónea creencia de que el tango únicamente había nacido en el margen occidental del Plata.
Rubinstein apuntó que, si bien desde principios de los 90 ha habido una seria mejora en el desarrollo del tango en Uruguay, las autoridades del "paisito" no se dieron cuenta de que se estaba dejando de lado este "patrimonio inmaterial" hasta que en el año 2000 los atletas argentinos salieron a desfilar bajo el ritmo de La Cumparsita en la ceremonia de inauguración de los juegos olímpicos de Sydney.
La Cumparsita, considerado el tango más difundido a nivel mundial y creado por el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, es por decreto presidencial desde 1998 el himno popular y cultural de Uruguay.
En el mismo sentido, el director de promoción cultural de la Intendencia (Ayuntamiento) de Montevideo, Eduardo León Duter, enfatizó que también la milonga La puñalada y el vals Desde el alma, que son los más famosos, son de autores uruguayos.
Duter, que estuvo el mes pasado en Abu Dhabi junto a un representante del gobierno de Buenos Aires para la declaración por parte de la UNESCO del tango (englobando a su vez la milonga y el vals) como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, aclaró que "no quiere decir que seamos mejores o peores, sino que es un trabajo conjunto el que debemos hacer".
Es obvio que Buenos Aires, considerada sin duda alguna la capital mundial del tango, tiene unos recursos y un potencial que la pequeña Montevideo nunca alcanzará, pero, como propuso Rubinstein, toda esa gente que se desplaza a la capital argentina para sentir dónde y cómo nació el tango "podría pasar dos o tres días al otro lado del río y ver qué es lo que se está haciendo en Montevideo".
Porque, a pesar del protagonismo porteño, es por todos sabido y reconocido que los nebulosos inicios del tango fueron gestados por los inmigrantes europeos y afrodescendientes que recalaron en los sórdidos ambientes portuarios de ambos márgenes del Río de la Plata a principios del siglo XX.
"Sencillamente Uruguay siempre se preocupó más del Carnaval y del Candombe", criticó Rubinstein. Actualmente, para luchar contra ello, y como elemento esencial de soporte de la cultura tanguera, están las milongas, que, además de ser un género musical dentro del tango, también son los lugares donde la gente acude a bailar.
En Montevideo hay muchas milongas, pero destacan la de Las Musas, por su cálido ambiente, y la del Mercado de la Abundancia en la que se entremezclan jóvenes y mayores sin recato. Además del emblemático bar Fun Fun, en cuya barra se solía apoyar Carlos Gardel para degustar una uvita, trago característico del local.
Si uno conoce bien el circuito del 2x4 de la capital uruguaya, puede bailar tango todos los días de la semana en estos espacios donde el abrazo entre el hombre y la mujer cobra especial importancia.
A pesar de que todo el mundo es bienvenido, los asiduos a estos bailes tangueros detallan que cada milonga tiene sus propios códigos sutiles.
Por ejemplo, en algunas queda mal hacer muchas piruetas y en otras no es de buen ver que se bailen más de tres canciones seguidas con la misma pareja.
Aún así, para Rubinstein todo ese mundo no es tan cerrado como se podría pensar y manifestó que "lo importante aquí es que el mayor número de gente posible se acerque al tango".
En ese objetivo de acercar más y más uruguayos al tango existe la agrupación Avalancha tanguera, un colectivo que desde hace ocho años organiza una series de actuaciones en las plazas, barrios y bares de Montevideo para hacer bailar a la gente.
Juan Pablo Milsa, uno de los socios fundadores de Avalancha tanguera, explicó que en estos actos los miembros del grupo, muchos de ellos expertos bailarines de tango, pero otros no tanto, se distinguen mediante un lazo verde que significa que están dispuestos a bailar con cualquiera.
"No somos profesores, somos multiplicadores", sentenció Milsa, que a su vez, estimó en unas 400 las personas que han logrado adherir al mundo del tango desde su colectivo.
Ahora, muchas organizaciones tangueras de Montevideo esperan ver en qué se materializa ese trabajo conjunto, que ellos llevan realizando por su cuenta desde hace años, tras la declaración de la UNESCO.
Los logros serán compartidos entre Buenos Aires y Montevideo, dos ciudades separadas por un río donde los artistas uruguayos del tango aceptan sin resignación que tendrán que cruzar a la otra orilla para poder tener éxito y luces.
"Es una cuestión de mercado", coincidieron en señalar tanto el presidente de Joventango como el director de promoción cultural de Montevideo

INMIGRACION: MUSICA Y DANZA, por Por María González Rouco*

Cantares


Cantaba Nazarena Crimi, la madre de Vito Cantone. Vito Cantone "nació en Catania, en 1878. Proveniente de familia de titiriteros, su abuelo materno Cayetano Crimi, fue autor del prólogo de Jerusalem Libertada, adaptada al teatro de títeres. En 1895, al fallecer su padre, Vito Cantone vino con su madre a Buenos Aires. De inmediato, se instaló con los títeres en el Teatro Sicilia, en Necochea 1339. En ese local representó el más variado repertorio de la dramática titiritera. Su madre, Nazarena Crimi, participaba con su canto en estas representaciones. Entre los personajes que desfilaban en escena figuraron Orlando, Reinaldo, Carlos Martel, Carlomagno, la princesa Bradamante, Herminio, Rogelio del Aguila Blanca, otros paladines de Francia, el emperador africano Agramonte. Asimismo, entre las obras que representó Cantone figuraron: El desafío de Barletta, Romeo y Julieta, Otelo, Don Juan Tenorio, El Romance de Tulio y Adelaida escrito por Juan Cantone, su padre (quien también había escrito las escenas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que se representaba en las proximidades de Navidad). Vito Cantone fabricaba muñecos característicos de Catania, erectos y más altos que los de Palermo" (1).


El cantor Ignacio Corsini nació en Sicilia en 1891 y falleció en Buenos Aires en 1967. "En 1896 llegó con su familia a Buenos Aires y, en 1907, debutó en el teatro con José Pacheco. En 1912 grabó sus primeros discos con canciones criollas. Actuó en películas como Santos Vega (1916), Milonguita (1922) y Rapsodia gaucha (1932). Junto a Héctor Pedro Blomberg y su guitarrista Enrique Maciel logró sus mayores éxitos, entre los que sobresalen La canción de Amalia, La pulpera de Santa Lucía, Los jazmines de San Ignacio, La mazorquera de Monserrat y La guitarrera de San Nicolás. Cantó por última vez en Radio Belgrano, en 1949" (2).


Roberto Maida nació en Fránsica, Italia, en 1908. "Se inició de niño, impulsado por José González Castillo. En 1925 integró la orquesta típica de Miguel Caló y, en 1929, viajó a España con la formación de Cátulo Castillo. En 1934 grabó discos para el sello Columbia e ingresó a la agrupación de Francisco Canaro. Luego formó su propia orquesta, con la que realizó numerosas actuaciones en bailes y emisoras de radio en todo el país" (3).


El cantante Alberto Morán nació en Italia en 1922 y falleció en su país natal en 1997. "Llegó a Buenos Aires a los 4 años. Debutó en la orquesta de Cristóbal Herreros, con quien actuó en El Nacional. Más tarde, con Osvaldo Pugliese, grabó 54 temas desde 1945 hasta 1954, año en que formó su propia orquesta, cuya dirección confió al pianista Armando Cupo. Entre sus interpretaciones se destacan los tangos El abrojito, Pasional y Desvelo" (4).


El cantante Alberto Marino nació en Italia en 1923 y falleció en Buenos Aires en 1989. "Debutó en 1939 en la orquesta de Emilio Balcarce. Luego integró la formación de Aníbal Troilo, desde 1943 hasta 1947. Más tarde encabezó su propia orquesta, hasta la década de 1960, y volvió a participar de numerosas formaciones, como las de Miguel Caló y Armando Pontier, entre otras. De sus numerosas interpretaciones se destacan las versiones de los tangos Tres amigos, Fuimos, Marinera y Farolito de papel" (5).


La cantante lírica María Altamura nació "en alta mar cuando sus padres venían a la Argentina. Inició sus estudios de canto y música con su padre, el tenor Franco Altamura, y se perfeccionó con la profesora Olga Cortese. Debutó en Rosario en el teatro La Opera interpretando a Mimí en La Boheme, de Puccini. (...) En las temporadas del Teatro Colón interpretó el estreno sudamericano de la ópera de Stravinsky La carrera de un libertino y muchas del repertorio clásico (...) Ha ofrecido recitales en Radio Nacional, Radio Municipal y Radio Provincia" (6).


El cantante Piero nació en Italia en 1944. "Llegó al país en 1947 y debutó en TV en 1964 con canciones melódicas italianas. Más tarde incursionó en el cine y se consagró a la canción de protesta. En 1976 se exilió en Panamá, Italia y España y regresó en 1981. En 2001 editó Canciones blindadas, resumiendo en este disco sus primeros 30 años de carrera" (7).


Florencio Constantino "emigró a América siendo muy joven para labrarse un porvenir. (...)Hijo de Antonio Constantino Sánchez, natural de Valleval, Asturias, y Antonia Carral Ruiz, santanderina de Arredondo, Mariano Florencio Constantino Carral nace en Ortuella el 9 de abril de 1868. (...) Florencio no conoce de maestros de música ni conservatorios. Pero secretamente el canto y la música ya están instalados en el adolescente para luego surgir entre travesuras, propias del ambiente que le toca vivir. (...) Florencio aprende con entusiasmo a tocar la "vigüela" y rápidamente agrega a su repertorio de canciones vaskas y españolas el canto de "aires criollos", que lo harán conocido y apreciado en cuanta reunión festiva se dé en Bragado y aún en las manifestaciones políticas. (...) En Buenos Aires se presentó en el Teatro de la Opera, en el Teatro Odeón, en el Teatro Avenida, en el Hotel París, en el Orfeón Español, en el Centro Vasco Laurak Bat, en el Teatro Coliseo y en el Teatro Colón en varias oportunidades. Hizo actuaciones en otras ciudades como Rosario, La Plata, Bahía Blanca, Córdoba y por supuesto en Bragado. También actuó, como primera figura, en giras por las siguientes ciudades: La Haya, Amsterdam, Leyden, Rotterdam y Dordrecht (en Holanda), Nápoles, Turín, Ferrara, Bologna, Liborno, Florencia, Verona, Cágliari, Rímini, Milán y Roma (en Italia), Madrid (en el Teatro Real), Bilbao, San Sebastián, y Barcelona (en España), Varsovia, Moscú (en el Teatro Bolshoi), Odessa, Kiev; y San Petersburgo (en Rusia), Lisboa y Oporto (en Portugal), Frankfurt (en Alemania), Londres (en el Covent Garden), París y Niza (en Francia), Montevideo (en Uruguay), Santiago y Valparaíso (en Chile), Río de Janeiro (en Brasil), México D.F(en México), Toronto, Montreal y Ottawa (en Canadá), La Habana, Matanzas y Cienfuegos (en Cuba) y en New Orleans, Saint Louis, Cincinatti, Chicago, Kansas, Los Angeles (en el Auditorium), Oakland, San Francisco, Portland, Seattle, Salt Lake City, Denver, Boston (donde inauguró el Boston Opera House y se presentó en varias oportunidades), Filadelfia, Baltimore, Washington, New York (en el Manhattan Opera House, en cinco temporadas sucesivas), Minneapolis, Milkwaukee, Pittsburg y New Heaven (en Estados Unidos). (...) Florencio Constantino murió el 16 de noviembre de 1919, solo, triste y casi olvidado. Pero con la certeza, más allá de su delirio, de que había cumplido aquel sueño de desenterrar el tesoro que llevaba en su garganta. Sus restos descansaron en el Panteón Vasco del cementerio de la ciudad de México D.F y fueron repatriados a la Argentina en 1986, donde esperan su último destino en Bragado, el pueblo de sus amores" (8).


Tania nació en Toledo, España, en 1898; falleció en Buenos Aires en 1999. "Siendo adolescente trabajó en teatros de variedades españoles, interpretando cuplés y tonadillas. Formó parte del trío Los Mexicans. Llegó a Buenos Aires en1926 y comenzó cantando cuplés y algunos tangos en el cabaret Folies Bergere. Más tarde fue vocalista de la orquesta de Roberto Firpo. En cine debutó en la película El pobre Pérez (1937), y luego integró los elencos de Cuatro corazones (1939) y Caprichosa y millonaria, entre otras" (9).
"Desde los ocho años ella fue aplaudida en su España natal, interpretando tonadillas en fiestas y reuniones familiares. Esta cupletista de Toledo debutó en Buenos Aires en 1923 para luego convertirse no sólo en la compañera de Enrique sino en un ejemplo de la adaptación española al tango" (10).


La cantante lírica Ana María González nació "en Oviedo, España. Fue traída a la edad de dos años y, radicada su familia en Mendoza, comenzó allí sus estudios de música y canto. Contaba diecisiete años cuando vino a Buenos Aires e ingresó al Instituto de Arte del Teatro Colón y al Conservatorio Nacional de Música para estudiar piano. Egresada del Colón, se dedicó de lleno al canto. Debutó con El niño y los sortilegios, de Ravel, participó en oratorios y dio recitales y conciertos. También interpretó música de cámara. Se perfeccionó en idiomas y llegó a cantar en ruso Boris Godunov. En 1981 actuó en el papel protagónico de Romeo y Julieta, de Gounod, y a raíz de su actuación fue contratada para dar esa ópera en Francia. En 1983 debutó en Londres con Medea en un papel importante, y ha sido llamada para cantar en Estados Unidos, España, Italia e Inglaterra. Ha interpretado, entre otras óperas, La flauta mágica, Hansel y Grethel, La boheme, Elixir de amor, El trovador, Rigoletto, La traviata y Manon. En 1980 fue declarada la mejor soprano argentina por la Asociación Verdiana, en 1982 recibió el Premio del Fondo Nacional de las Artes y en 1983, en Perú, se la distinguió como la mejor soprano de la temporada" (11).


Regina Pacini de Alvear nació "en Lisboa, Portugal, el 5 de enero de 1871. Dedicada al arte lírico, a los diecisiete años se consagró al presentarse en el teatro San Carlos de su ciudad natal, cantando La sonámbula, de Bellini. A partir de ese día, 5 de enero de 1888, conoció el éxito en escenarios de toda Europa. Con un repertorio variado, la alumna de Vilani y Matilde Marchessi, con quienes había estudiado en París, tuvo por compañeros, entre otros, a Caruso y Tita Ruffo. En 1899 vino al Río de la Plata, para cantar en el Solís de Montevideo y en el Politeama de Buenos Aires. Aquí Alvear la vio y oyó por primera vez, y la seguiría luego por diversas salas, hasta que ella lo aceptó como marido. Se casaron en Lisboa el 29 de abril de 1907, y esta decisión de la Pacini determinó su retiro de la escena. Desde entonces se convirtió en la esposa del político y del hombre de Estado, junto al cual supo desempeñarse con el señorío propio de quien descendía de personalidades notables. Después de la muerte de Alvear, en 1942, se consagró al ordenamiento del archivo de aquél, para que pasase a poder de la Nación. Obras piadosas ocuparon su tiempo pero en especial una que desde 1927, fecha de la fundación, tenía su preferencia por el significado sentimental: la Casa del Teatro. Los continuadores de su obra no han cesado de rendirle el homenaje de su gratitud -la sala teatral de la misma se llama Regina-, por esa iniciativa que favorece a los menos afortunados del mundo teatral. La localidad Villa Regina, en Río Negro, fundada en 1924, fue bautizada así en su homenaje. Murió en su residencia de Don Torcuato, provincia de Buenos Aires, a los noventa y cuatro años de edad, el 18 de septiembre de 1965" (12).
En Regina y Marcelo, Ana María Cabrera recrea la historia de amor entre la soprano y el presidente; la suya es "una novela de pasiones, renunciamientos, éxitos y fracasos, y por sobre todo, la historia de un amor indestructible" (13). "La boda de Marcelo T. de Alvear y la famosa soprano portuguesa Regina Pacini despertó los más insidiosos comentarios de la sociedad porteña, que no podía admitir que el soltero más codiciado del ambiente se casara con una artista. Cuando Alvear asume la presidencia de la Nación en 1922, Regina se convierte en la Primera Dama del siglo XX. Y, a pesar de la injusta indiferencia de los argentinos, demuestra la generosidad de su alma al crear la Casa del Teatro, un emprendimiento por entonces único en el mundo, destinado a la protección de sus colegas artistas" (14).


El cantante y compositor Carlos Gardel nació en Toulouse, Francia, en 1890. "Considerado como la máxima expresión del tango, su verdadero nombre era Charles Romuald Gardés. Hijo no reconocido, cuando tenía tres años llegó a Buenos Aires junto con su madre, Berthe Gardés, quien se asentó en el barrio del Abasto. En 1906, cuando promediaba el segundo año de secundaria, abandonó sus estudios y comenzó a perfilarse como intérprete, cantando canciones camperas, criollas, canzonettas y chacareras en fondas y bares de su barrio. En 1911 formó un dúo con el cantor José Razzano, al que se sumaron temporalmente Francisco Martino y Saúl Salinas. Con la desvinculación de ambos, finalmente quedó conformado el 'Dúo Gardel-Razzano'. Su debut discográfico fue en 1913, contratado por el sello Columbia para grabar una serie de temas de los cuales no se tiene un registro preciso. Debutó junto a Razzano en el Teatro Nacional de Buenos Aires en 1914 y, a partir de allí, se presentó en casi todos los teatros porteños y realizó numerosas giras por el interior del país, Uruguay, Paraguay, Brasil y España. En 1916, en el Teatro Empire de Buenos Aires estrenó su primer tango en público, Mi noche triste, que renovó el repertorio tanguero, inaugurando el género tango-canción. En 1917, debutó en cine, contratado por la Casa Glücksmann, como protagonista del filme mudo Flor de durazno. Ese mismo año comenzó su contrato con el sello El Nacional y, a partir de entonces, realizó cuantiosas grabaciones a dúo con Razzano, como solista y acompañado por las orquestas de Francisco Canaro, Osvaldo Fresedo y por los guitarristas Riverol, Barbieri y Rivas, entre otros músicos. En 1925, Gardel se abocó a su carrera como solista, grabando 516 tangos, 16 valses, 31 estilos, 11 zambas, 23 valses criollos y temas de otros géneros, entre los que sorprenden dos rumbas, un fox trot y una canzonetta italiana. Como compositor realizó la música de los tangos Volver, Volvió una noche, Rubias de New York y Por una cabeza, entre otros. Su voz conquistó a los públicos de América latina, España, Francia y Estados Unidos. Fue aplaudido en el Casino de Cannes, Teatro Goya y el Principal Palace de Barcelona, el Teatro Femina y la Opera de París, el Teatro Avenida de Madrid y el Palacio del Mediterráneo de Niza. En París actuó en las películas sonoras Luces de Buenos Aires, Espérame, La casa es seria y Melodía de arrabal. Más tarde, en Nueva York, filmó con argumento y letras de Alfredo Le Pera las películas Cuesta abajo, El tango en Broadway, Cazadores de estrellas, El día que me quieras y Tango Bar. En 1935 murió en Medellín, Colombia, en un accidente aéreo, mientras realizaba una gira por América Latina. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires en 1936 y velados en el Luna Park, ante una gran multitud que le rindió homenaje" (15).
En Frontera Sur, Horacio Vázquez-Rial describe la llegada a la Argentina de Carlos Gardel y su madre: "Adormilada por el traqueteo del carro y la monotonía del paisaje, Berthe recordaba el agua espesa del río. Charles dormía, envuelto en una manta no muy limpia, encima de la carga informe del vehículo". El hijo "era robusto, algo grueso, de piel muy blanca y pelo recio, y tenía una voz clara y redonda. Seguramente, era menor de lo que parecía" (16).
Mauro Apicella señala que "Tras la muerte de Gardel se conocieron el testamento -hasta entonces guardado en una caja de seguridad del Banco de Boston-, su nombre verdadero, Charles Romuald Gardes, la fecha y el lugar de su nacimiento. Con la investigación que de allí se desprende se descubre en Toulouse su certificado de bautismo y en el Hospital de la Greve su partida de nacimiento" (17).

El tenor Eugenio Valori nació en Lodz, Polonia, en 1908; falleció en Mar del Plata, Buenos Aires, en 1991. "Centrado en el repertorio operístico, se especializó en roles de carácter. Su carrera en el Teatro Colón abarcó casi tres décadas desde su debut en 1949 en el papel de Rinuccio de Gianni Schicchi. También actuó en teatros europeos y ha intervenido en grabaciones: Otello, Ernani, etc" (18).


La cantante, profesora de foniatría y crítica musical Irina Alexandrova nació "en San Petersburgo, Rusia, poco antes de la revolución. Con sus padres emigró a Francia, donde estudió arte escénico, foniatría y canto. (...). Se radicó en la Argentina en 1935 y adoptó la ciudadanía, desarrollando desde entonces actividad como cantante de cámara en los teatros Colón, Cervantes, Odeón, Politeama, Argentino de La Plata, etc., y en la Asociación Wagneriana, el Círculo J. S. Bach, Consejo Británico e Instituto Francés de Estudios Superiores, lo mismo que en Paraguay y Uruguay. Interpretó a autores argentinos y universales. Desde 1943 se desempeñó como crítica musical. (...) comenzó a trabajar en educación de la voz de intérpretes de cine y teatro, hasta que en 1968 fue designada profesora de técnica de la voz en La Plata y en entidades privadas, dando también clases de canto, cursos y conferencias sobre foniatría. Jubilada en 1976, continuó sus actividades dando clases particulares y cursillos, contratada por organismos oficiales y privados. Su nombre completo es Irene Alexandroff de Dobrolovsky" (19).


Jevel Katz, el "Gardel judío", fue un inmigrante lituano "que en una década cambió la canción judía acuñada en el extraño país que lo atrajo. En su Vilna natal y para sus compadres del sindicato de gráficos judíos, habían nacido sus primeras composiciones. Llegó a Buenos Aires en mal momento: crecía el nacionalismo católico y ultramontano después del golpe del 30, contexto que influiría en sus canciones. En escaso tiempo se transformó en el más popular intérprete en yiddish en la Argentina. Katz entretenía a sus audiencias con una mezcla de monólogos, humorismo, coplas, parodias, canciones nostálgicas o sátiras, en la que se acompañaba con guitarra, mandolina, armónica o acordeón. Su récord es impresionante: 650 composiciones. Fue, además, actor del teatro judío, pero conocido fuera de la colectividad como lo revelan artículos en la prensa. Fue el cantor de los judíos pobres de los años 30, tiempos de crisis y malaria. Sus temas: la nostalgia, las privaciones y las luchas de sus paisanos" (20).


La cantante, periodista y actriz Blackie nació "en Basavilbaso, Entre Ríos, el 6 de diciembre de 1912. Se inició como cantante de jazz, destacándose en la interpretación de los negro spirituals junto a las mejores orquestas de la década del '30. Egresada del Conservatorio Nacional de Música, muy joven ganó un concurso de Radio Stentor, donde actuó, lo mismo que en Radio Belgrano. Lo hizo también en las revistas del Teatro Maipo. Viajó a Estados Unidos para estudiar música negra y antropología. A su regreso, trabajó en cine y teatro. (...) Falleció en Buenos Aires el 3 de septiembre de 1977, mientras se hallaba en plena actividad. Su nombre verdadero era Paloma Efrón" (21).
La afición por la música se heredaba en la familia de Julia Zenko: "El abuelo de Julia cantaba en los templos judíos y era actor aficionado. El papá era carnicero y cantante de tangos. Ella jugaba a ser cantante desde que aprendió a hablar (...) 'Yo fui criada con muchas músicas en mi cabeza', reflexiona" (22).


Acerca de Dina Rot, escribió Santiago Giordano: "Ya no está Sefarad, el territorio de España donde los judíos vivieron desde antes de la era cristiana hasta su expulsión entre 1492 y 1497, tras la unificación de los reinos de la península ibérica. Desde entonces, los sefardíes se distribuyeron por el mundo; en principio en el norte de Africa, más tarde en Francia, Holanda, Inglaterra, Italia y los países balcánicos y sucesivamente por todo el mundo, llevando su cultura, sus canciones, como elemento unificador, más allá de los matices de cada etnia. De esta herencia, la voz de Dina Rot recoge 14 canciones para dar forma a Buena semana, el disco recientemente editado por Circo Beat y distribuido por Acqua Records. No es la primera vez que Dina Rot aborda el cancionero sefardí; ya a inicios de los años '70, la cantante grabó un trabajo enteramente dedicado a esas canciones y, mucho después, en el '96, dio a luz como una manera de contar la actualidad de los exilios, Una manu tumó l'otra, musicalizando y cantando textos de Juan Gelman y Clarisse Nicoidsky, poetas contemporáneos que también cultivan la lengua sefardí. Con Buena semana, un excelente trabajo, la cantante vuelve a las canciones populares, transmitidas de generación en generación según la tradición oral y recopiladas por investigadores en los albores del siglo 20. Canciones recogidas en Salónica, Turquía, Grecia, Sarajevo, Marruecos y Jerusalén, que son minúsculas piezas de un mosaico inmenso. Piezas minúsculas, que sin embargo son suficientes para sugerir un mundo diseminado por la tierra. Como en gran parte de los cancioneros populares, el amor es el tema portante. Dina Rot evoca esos sentimientos, desde el dolor y el deslumbramiento hasta el deseo y la traición, con voz bien templada, súbdita atenta y generosa de las palabras. La música trae consigo un sensual perfume ibérico, pronunciado desde oriente). Participan además de este disco el notable guitarrista Esteban Morgado -quién además se ocupó de buena parte de los arreglos y de la dirección musical-, Damián Bolotin (violín), Facundo Guevara (percusión: bongó marroquí, tabla, campanas, derbake, cárcavas, cascabeles, chekere, pote, tabla, sonajas, bombo, redoblantes, pandereta, doumbek, daf, palma), Mario Kirlis (Kanun) y Ariel Azcue (flautas dulces, cornamusas). Como músico invitado aparece Fito Páez (piano), que aporta lo suyo en La mar, el tema que cierra el disco, un poema de Clarisse Nicoidsky, musicalizado por Dina Rot" (23).


Un pueblo y sus canciones es una de las obras de Eleonora Noga Alberti, quien "lleva desarrollada una extensa y brillante tarea en la canción de cámara, y en especial en la expresión sefardí, sobre la base de la cual ha protagonizado -en nuestro país y fuera de él- numerosas y celebradas audiciones. Más que deslumbrar por la seguridad técnica con que afronta un repertorio tan diverso, la soprano argentina cautiva por el entrañable compromiso emotivo que impregna sus interpretaciones. El hondo conocimiento del material elegido para este programa -la canción judía, tomada de las tradiciones sefardí, ashkenazi y hebrea, y de la obra de músicos nacidos o inspirados en ella (Weill, Ravel, Bernstein, Gerswin y Kavalevsky, entre otros)- le facilita la tarea, para la que cuenta con el sostén del sensible piano de Alfredo Corral. La heterogeneidad suma un atractivo más al excelente registro" (24).


Una descendiente de japoneses ganó en Japón un certamen de Karaoke: "Esta actividad ha surgido a la Argentina, con la aparición de los "Bares Karaoke", si bien la versión criolla, el cantante leer la letra en una carpeta, es igual de divertido. Un fenómeno que cada vez tiene más adeptos. Los fans del manga y animé, les gusta cantar los temas de las bandas originales de sonido de los mismos, y en japonés. Por el lado de la colectividad japonesa, tiene mucha aceptación, y las distintas asociaciones organizan concursos, donde participan desde niños hasta ancianos, demuestran sus virtudes vocales cantando canciones populares japonesas. En Noviembre de 2001, la NHK (La principal cadena de televisión japonesa) organizó en Argentina el festival Nodojiman, en el teatro Gran Rex, en pleno centro de la Capital Federal. Vanesa Oshiro la ganadora del concurso, participó en festival Nodojiman 2002 en Japón (realizado el 27 de Mayo), ganando el concurso" (25).


Angeles Montilla nació "en Puerto Rico en 1871. Realizó estudios de canto y arpa en el real Conservatorio de Madrid y cantó en el Palacio Real. Casada con el dibujante y periodista José Ruanova, quedó viuda cuatro años después, dedicándose entonces al canto en forma profesional. Actuó en teatros de Europa y estrenó la ópera Los hugonotes, de Mayerbeer, en el San Carlos de Lisboa, junto a Regina Pacini. En Barcelona estrenó, en 1895, La Dolores, de Bretón, que cantó después muchas veces en Buenos Aires, adonde vino a fines del siglo pasado, para consagrarse al género chico. Gravemente enferma, debió interrumpir su carrera. Falleció en Buenos Aires el 12 de septiembre de 1902. Era abuela de las bailarinas del Teatro Colón Angeles, Matilde y María Ruanova" (26).


El cantante José Razzano nació en Uruguay en 1887 y falleció en Buenos Aires en 1960. "Radicado en Buenos Aires de niño, en 1903 debutó como cantor criollo en la Compañía Dramática Nacional. Entre 1911 y 1912 grabó 10 temas criollos para el sello Víctor. Formó junto a Carlos Gardel un popular dúo que actuó intensamente hasta 1925, fecha en que dejó de cantar por una dolencia física. Entre sus grabaciones se destacaron Claveles mendocinos y Serrana impía. Entre otros, fue autor de los temas Soy un porteño, Café de los Angelitos y A mi morocha" (27).


El cantante Donald nació en Buenos Aires en 1946. "Hijo de Don Dean, sus temas alcanzaron gran popularidad a fines de la década del 60. En 1967 presentó su tema Tiritando que rápidamente se convirtió en un éxito, al igual que otras de sus canciones como Siempre fuimos compañeros y Las olas y el viento. Donald actuó en varias películas y, en 1999, fue candidato a intendente del partido de San Isidro" (28).


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Notas


(1) Petriella, Dionisio y Miatello, Sara: op. cit.
(2) Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
(3) ibídem
(4) ibídem
(5) ibídem
(6) Sosa de Newton, Lily: op. cit.
(7) Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
(8) S/F: Florencio Constantino: breve biografía", en Municipalidad de Bragado.
(9) Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
(10) Pesce, Graciela: op. cit.
(11) Sosa de Newton, Lily: op. cit.
(12) ibídem
(13) S/F: "Sudamericana digital", en www.edsudamericana.com.ar.
(14) ibídem
(15) Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
(16) Vázquez-Rial, Horacio: Frontera Sur. Barcelona, Ediciones B, 1998.
(17) Apicella, Mauro: "La 'verdad histórica' del Zorzal Criollo", en La Nación, Buenos Aires, 28 de septiembre de 2003.
(18) Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
(19) Sosa de Newton: op. cit.
(20) Gilbert, Isidoro: "Cancionista de la judería", en Clarín, Buenos Aires, 11 de enero de 2003.
(21) Sosa de Newton, Lily: op. cit.
(22) Kiron: "El canto es magia", en La Nación Revista, Buenos Aires, 27 de octubre de 2002.
(23) Giordano, Santiago: "Canciones que son tiempo y espacio", en La Voz del Interior, Córdoba, 4 de junio de 2001.
(24) López, Fernando: "Un pueblo y sus canciones, por Eleonora Noga Alberti", en La Nación, Buenos Aires, 26 de enero de 2003.
(25) S/F: "Comunidad Bunka. Cultura Japonesa en Argentina. Actividades. Karaoke", en www.comunidadbunka.com.ar
(26) Sosa de Newton, Lily: op. cit.
(27) Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
(28) ibídem
*Licenciada en Letras UNBA, Periodista Profesional Matriculada
mgonzalezrouco@yahoo.com.ar
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